Atari: el hombre que se vengó comprando la empresa que casi le hundió

Atari: the man who got revenge by buying the company that nearly destroyed him

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En el artículo del Commodore conté cómo Jack Tramiel construyó Commodore, la empresa que le dio a medio mundo su primer ordenador. Se me quedó fuera lo mejor: qué hizo después.

Porque en 1984, Tramiel se peleó con el presidente del consejo de Commodore y se marchó. Y en lugar de retirarse a un chalé, hizo lo que hace un general al que le quitan el mando: se compró al enemigo. Meses después apareció como dueño de Atari, la empresa contra la que había estado peleando a muerte durante los dos años anteriores.

Esta es la historia de esa venganza, de dos años de euforia y de un vertedero en Nuevo México donde están enterradas 700.000 cartuchos.

Primero, el pecado original: la guerra que mató a Atari

Para entender la jugada de Tramiel hay que entender el destrozo que había hecho. En julio de 1984, The New York Times publicó la noticia de la venta con una frase que hoy se lee como una lápida:

> "Warner Communications Inc., giving up its 18-month effort to rebuild a business that once flourished with Pac-Man video games and the boom in home computers, yesterday sold nearly all of its troubled Atari unit."[1]

El mismo artículo no tenía dudas de dónde venía el desastre:

> "It was Mr. Tramiel, the aggressive, cost-cutting former chief executive of Commodore International Ltd., who led the price-cutting war that buried Atari last year, many industry experts said."[1]

Es decir: el hombre que se disponía a comprar Atari era el que había hundido Atari. Los expertos del sector lo decían abiertamente en el diario más serio de Estados Unidos. Y no fue solo Atari: en el mismo texto se cuenta que otros tres grandes competidores (Texas Instruments, Mattel y Timex) habían salido del negocio desde octubre.[1]

Jack Tramiel, fundador de Commodore y después dueño de Atari
Jack Tramiel. Foto: Alex Handy, CC BY-SA 2.0.

El negocio era tan mala cosa que Warner no cobró un solo dólar en efectivo: recibió 240 millones en pagarés a largo plazo y garantías por un 32% de la nueva empresa de Tramiel.[1] Un analista de Paine Webber lo resumió mejor que nadie: "Warner essentially gave away the company, in hopes Tramiel could make something happen", Warner prácticamente regaló la empresa. Y de paso, Warner se quedó con las dos divisiones que sí valían algo y no entró en el paquete: las máquinas recreativas y Ataritel, la división de telecomunicaciones. El 20% de la empresa se quedó fuera.

Esa venta dejó un agujero de 425 millones de dólares en las cuentas de Warner ese trimestre.[1]

La máquina que lo había petado antes: el Atari 2600

Atari 2600, la consola que vendió 30 millones de unidades
El Atari 2600 con su mando. Foto: Evan-Amos, dominio público.

Ahora que sabemos cómo acabó, conviene recordar por qué Atari valía algo. Su consola estrella, el Atari 2600, vendió 30 millones de unidades.[3] Salió en 1977 por 189,95 dólares y estuvo en el mercado hasta 1992, quince años.[3]

Treinta millones de consolas en los ochenta, cuando en una casa había un televisor y ya. Fue la consola más popular del mundo hasta que llegó el desplome, y en el desastre del 83 se la llevó por delante con todo el mercado.[6]

Un detalle que a mí me hace gracia: dentro de esa consola que vendió 30 millones de unidades había un MOS 6507, un primo del 6502 de Commodore.[3] Es decir, Atari estaba vendiendo máquinas que llevaban dentro un chip de la casa del hombre que luego se la compró. El mundo del hardware en los ochenta era un pueblo.

Entonces llegaron las excavadoras

Cajas de juegos de Atari desenterradas del vertedero de Alamogordo
Juegos de Atari sacados del vertedero de Alamogordo en 2014. Foto: taylorhatmaker, CC BY 2.0.

Casi todo el mundo ha oído la leyenda: que Atari, hundida por el fracaso de su juego de E.T., metió millones de cartuchos en camiones y los enterró en un vertedero. Durante treinta años se contó como leyenda urbana.

Resultó ser verdad, y ahora sabemos cuánto.

Los datos verificados: en 1983, Atari enterró en un vertedero de Alamogordo, Nuevo México, cartuchos, consolas y ordenadores sin vender.[4] Durante décadas se dudó de la historia y se despachaba como mito, pero los responsables de Atari acabaron confirmando la cifra: unos 700.000 cartuchos de varios juegos, incluido E.T. No eran "millones", como se decía, pero seguían siendo setecientos mil juguetes en un agujero.

Y aquí viene la parte que de verdad parece una novela: en 2014, la empresa Fuel Industries, Microsoft y otros, en colaboración con el gobierno de Nuevo México, excavaron el sitio para rodar un documental, Atari: Game Over. El 26 de abril de 2014 la excavación encontró juegos y hardware tirados. De todo lo enterrado, solo recuperaron una fracción (unos 1.300 cartuchos) y una parte se cedió para su conservación.[4]

De leyenda urbana a yacimiento arqueológico. Hubo que sacar permiso del gobierno para desenterrar el fracaso de una empresa.

La venganza, en un año

Con Atari en las manos, Tramiel hizo exactamente lo que sabía hacer: mover rápido y barato. Fundó Atari Corporation el 17 de mayo de 1984.[2]

Y en junio de 1985 (un año después, no cinco) ya tenía en la calle el Atari ST, un ordenador que salió por 799,99 dólares en versión monocromo y 999,99 con monitor en color.[5] Vendió más de tres millones de unidades solo en Europa.[5]

Atari 1040ST con su monitor SC1224 y el ratón, mostrando el escritorio GEM
Atari 1040ST con el escritorio GEM en pantalla. Foto: Bill Bertram, CC BY-SA 2.5.

Y ahora el dato que a él le habría gustado leer: fue el primer ordenador personal con interfaz gráfica en color por mapa de bits, ratón, ventanas y colores, en un año en que eso era una novedad absoluta.[5] Y el Los Angeles Times lo tituló así, en enero de 1985: "Tramiel confronta a los escépticos con una nueva línea", presentando un ordenador "con un precio muy por debajo de su competidor más cercano, el Macintosh de Apple".[7] El diario lo contaba con la mezcla exacta de admiración y duda: en la feria, los ejecutivos del sector estaban "impresionados por el diseño y el precio agresivo" de la nueva familia ST, y a la vez inquietos porque Tramiel hubiera sacado un sistema incompatible con los que ya existían.

O sea: le habían quitado Commodore, y en doce meses había construido un competidor con mejor interfaz gráfica, más barato, y lo vendió a millones de europeos. Como venganza, es de manual.

Y luego, el mismo final de siempre

Atari Jaguar con su mando
Atari Jaguar, la última apuesta de la marca. Foto: Evan-Amos, CC BY-SA 3.0.

Aquí es donde la historia deja de ser divertida, porque Tramiel repitió el patrón: la máquina era buena, pero la empresa no cambió cuando el mercado cambió.

El Atari ST aguantó hasta 1993. La última apuesta fue la consola Jaguar, y salió mal. La marca ha ido pasando de mano en mano desde entonces, sin que nadie repitiera el éxito de los primeros años.[2]

Yo creo que ahí está lo interesante de esta historia, y no en el chiste del vertedero. Tramiel era un genio fabricando barato y vendiendo a las masas, y las dos veces que le dieron una empresa, la llevó al mismo sitio: a dominar un mercado durante unos años y a desaparecer cuando el mercado giró. Con Commodore perdió él. Con Atari, perdió después.

El mismo hombre, el mismo patrón, dos empresas distintas. Eso no es mala suerte: es una manera de trabajar.

Lo que me llevo

Cuando era crío jugaba con un Commodore 64 y un Amiga 500 sin saber nada de las guerras entre las empresas que los fabricaban. Ahora, mirando atrás, veo que estaba jugando en el campo de batalla de un señor polaco que había sobrevivido a Auschwitz, que se compró a su proveedor de chips para no depender de nadie, que hundió a su principal rival con una guerra de precios y que, cuando lo echaron de su propia empresa, compró a ese rival con el dinero del despido.

Antes miraba los ordenadores de los ochenta como quien mira una vitrina: por los chips y por los juegos. Ahora los miro por lo que costaron y por quién decidió ese precio. Es una mirada menos romántica y creo que es la que se acerca más a la verdad: cuando conté la historia del Spectrum pasó lo mismo, lo que contaba no era la máquina, sino que 125 libras pusieran un ordenador en media Gran Bretaña.

Se puede discutir si era un buen jefe. Lo que no se puede discutir es que la informática de los ochenta no se entiende sin él.

Referencias

1. Warner sells Atari to Tramiel - The New York Times (3 jul 1984)

2. Atari Corporation - Wikipedia (en)

3. Atari 2600 - Wikipedia (en)

4. Atari video game burial - Wikipedia (en)

5. Atari ST - Wikipedia (en)

6. Video game crash of 1983 - Wikipedia (en)

7. Atari Chief Takes on Apple, IBM and Commodore: Tramiel Confronts Skeptics With a New Line - Los Angeles Times (8 ene 1985)

Créditos de las imágenes

Las fotografías de este artículo provienen de Wikimedia Commons y se reproducen bajo sus licencias:

  • Atari 2600, Evan-Amos, dominio público
  • Juegos del vertedero de Alamogordo, taylorhatmaker, CC BY 2.0

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