El Spectrum: el ordenador que trajo la informática a casa de los británicos

El Spectrum: el ordenador que trajo la informática a casa de los británicos

Este blog tiene un sesgo, y quiero decirlo antes de que lo notes: se lo debo a un Commodore. Pero la historia de los ordenadores de los ochenta no se entiende solo desde Estados Unidos. Al otro lado del Atlántico pasó algo igual de grande, con otro estilo y con menos presupuesto.

Mientras en California se peleaban por los 64 kilobytes, en el Reino Unido un inventor llamado Clive Sinclair estaba haciendo lo contrario: ver cuánto podía abaratar una máquina sin que dejara de servir para aprender y jugar. El resultado se llamó ZX Spectrum, y cambió lo que la informática significaba para toda una generación de británicos.

Un inventor con obsesión por lo pequeño

Clive Marles Sinclair nació en 1940 en Ealing, Inglaterra, y trabajó de periodista técnico antes de montar su primera empresa: Sinclair Radionics, en 1961.[2] Su fama no empezó con los ordenadores, sino con las calculadoras: produjo la primera calculadora de bolsillo ultrafina del mundo.[2]

Ese es el perfil del hombre, y explica todo lo que vino después: no era un fabricante de ordenadores que buscaba abaratar, era un miniaturizador que se encontró con la electrónica de consumo. Vivió esa etapa como una estrella: fue elegido empresario del año, nombrado caballero en 1983 y presentado por la primera ministra Margaret Thatcher como ejemplo de la nueva Gran Bretaña tecnológica.[2][3] El Guardian, en su obituario, lo resumió con una frase que le hace justicia y a la vez se la quita: fue "mejor inventor y publicista que empresario".[3]

Y esa segunda parte también es historia del Spectrum.

125 libras: la máquina más barata del mundo

El ZX Spectrum se lanzó en el Reino Unido el 23 de abril de 1982, por 125 libras en su versión básica.[1] Para que te hagas una idea de lo que significaba eso: su rival americano de referencia, el Commodore 64, había salido el mismo año por 595 dólares.[5] El Spectrum no era más potente. Era cuatro veces más barato.

En Estados Unidos el Spectrum nunca llegó a ser importante; se vendió desde noviembre de 1983 por unos 200 dólares y no hizo mella.[1] Pero en su casa fue otra cosa: vendió unos 5 millones de unidades.[1] Cinco millones de ordenadores en un país de poco más de 55 millones de habitantes. Eso no es un producto: es un fenómeno.

Fue, durante años, el ordenador más vendido del Reino Unido, y en 1982 un aparato con teclas de goma y arcoíris en la esquina se convirtió en la puerta de entrada a la programación para miles de chavales que no tenían dinero para nada más.

Las teclas de goma

ZX Spectrum 48K con sus teclas de goma y la franja arcoiris
El ZX Spectrum 48K: teclas de goma y la franja arcoiris en la esquina. Foto: Bill Bertram, CC BY-SA 2.5.

Aquí conviene contarlo sin romanticismo, porque la nostalgia engaña: el Spectrum era un ordenador incómodo. Las teclas eran de goma, no tenían recorrido y escribir en él era una tortura. El sonido salía por un zumbador diminuto que apenas podía hacer un pitido. Y sin embargo, ahí estaba lo importante: costaba lo que costaba y funcionaba.

Esa combinación (barato, limitado, suficiente) es la que lo puso en manos de gente que nunca habría tenido un ordenador. En el Spectrum aprendió a programar una generación entera, y no porque fuera un buen instrumento, sino porque era el único que estaba a su alcance.

Es la misma lección de Commodore, contada al revés: no gana el que hace la mejor máquina, gana el que la hace llegar a más gente.

El final, contado sin adornos

ZX Spectrum con Microdrive, interfaz 2 y joystick
Un Spectrum con su Microdrive, la interfaz de cartuchos y un joystick. Foto: Jzh2074, CC BY-SA 4.0.

Y aquí el Spectrum se cruza con lo que ya conté en este blog, porque su final no lo decidió su inventor: lo decidió el mercado, y luego lo firmó Amstrad.

Para 1986, Sinclair Research debía a sus acreedores 7 millones de libras, y su último ordenador, el QL, había sido un desastre en las tiendas por problemas de fiabilidad y de producción.[4] El coche eléctrico C5, otra de las apuestas de Sinclair, no había encontrado mercado.[4] El inventor había estado al frente de una empresa que llegó a tener el 40% del mercado británico de ordenadores, y esa misma escala no le sirvió para salvarse: los costes por los fallos de fiabilidad se le comieron vivo.[4]

El 7 de abril de 1986, Amstrad compró los derechos de marca y comercialización de Sinclair por 5 millones de libras.[4] Un año después, Sinclair había perdido su propia empresa.

Lo más irónico del acuerdo: Amstrad cogió el último Spectrum, lo retocó con un teclado de verdad y un casete incorporado, lo llamó Spectrum +2, y recuperó los 5 millones de libras de la compra en un año.[4] La máquina seguía vendiéndose. Lo que ya no existía era la empresa que la había inventado.

Clive Sinclair conservó su compañía, la rebautizó como Cambridge y siguió haciendo cosas: hizo el Z88, un ordenador portátil que sí funcionó bien.[4] Murió el 16 de septiembre de 2021, a los 81 años.[2]

Lo que me llevo

El Spectrum no es la historia de un genio incomprendido, y por eso me interesa. Es la historia de un tipo brillante que sabía inventar y no sabía fabricar, que puso la informática en manos de media Gran Bretaña y que perdió su empresa por problemas de calidad y de cuentas.

Su máquina sobrevivió a su empresa, y eso es lo que de verdad importa aquí: lo que se queda no es la compañía, es lo que la gente hizo con lo que vendía. Una generación de programadores británicos empezó con las teclas de goma. Eso no lo firma nadie.

Créditos de las imágenes

Las fotografías de este artículo son de Wikimedia Commons y se reproducen con sus licencias:

Referencias

1. ZX Spectrum - Wikipedia (en)

2. Clive Sinclair - Wikipedia (en)

3. Sir Clive Sinclair obituary - The Guardian (2021)

4. Amstrad compra los derechos de Sinclair - Centre for Computing History (1986)

5. Commodore 64 - Wikipedia (en)

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